lunes, 25 de abril de 2016

Ciudades divididas: Rivera y Santana do Livramento (por Marcelo Pericic)


Me gusta definirme como viajero. He recorrido toda la Argentina a lo largo de muchos viajes, a veces en auto manejando miles de kilómetros y a veces en ómnibus y avión. Cuando me propuse recorrer Uruguay, pensé que, dado el tamaño del país, con diez días bastaría. Una de las primeras etapas consistió en llegar hasta Rivera, manejando desde Buenos Aires. En Argentina es conocido el hecho de que “hay un pueblo en Uruguay que está tan cerca de Brasil que basta cruzar la calle”. Desde la frontera con Argentina (Colón-Paysandú) hasta el otro lado del país, en Rivera, son como 340 kilómetros de carretera limpia, rodeada de puro campo uruguayo, y sin apenas paradas en el camino. Entre Paysandú y Tacuarembó, la siguiente ciudad digna de mención en el recorrido, hay doscientos cincuenta kilómetros, sin una sola estación de servicio, que yo recuerde. Tacuarembó es el lugar donde, según los uruguayos, nació el gran Carlos Gardel (según otras fuentes nació en Francia; lo único que es seguro es que es tan Argentino como el mate, el dulce de leche y el asado de los domingos). Desde Tacuarembó hasta Rivera hay poco más de cien kilómetros, sin nada en el medio. Uno podría salir de Argentina y llegar a Brasil tocando sólo tres ciudades en el recorrido.


La ciudad de Rivera (60 mil habitantes) es una zona de free shopping que, por una mera cuestión geográfica, depende mucho de Brasil y de cómo esté el cambio entre el peso y el real para esperar más o menos compras de sus vecinos brasileños. Por su parte, Santana do Livramento (82 mil habitantes) mira más hacia Porto Alegre que hacia sus vecinos del sur, a los que sus habitantes recurren para hacer sus compras de productos lácteos y embutidos, más baratos que en su propio país. El tránsito entre ambas ciudades es completamente libre; la frontera, salvo por las demarcaciones en forma de hito y las banderas, es completamente invisible.



Dentro de la ciudad, de hecho, es una calle en la que un lado pertenece a Brasil y el otro a Uruguay. A las afueras del pueblo (de los pueblos, en realidad) la calle asfaltada se convierte en un camino de tierra, pero la frontera sigue sin ser visible salvo por los mojones demarcatorios.
Dos lugares destacan fundamentalmente en la conocida como Frontera de la Paz: la Plaza Internacional y el Cerro del Marco.
Los visitantes consideran como obligatoria la fotografía con un pie en cada país. El Cerro del Marco se encuentra a unos cien metros de la Plaza Internacional, elevado sobre el resto de la ciudad, y permite una visión privilegiada de las dos ciudades, y de los dos países, desde los dos países, puesto que también se encuentra dividido por la frontera.
La economía de frontera está muy presente en las dos ciudades. Así pues, para cargar nafta en el auto, hay que hacerlo en Brasil. Para comprar chacinados o lácteos, en Uruguay. En cualquier lugar de las dos ciudades admiten cualquiera de las dos monedas de curso legal, además del dólar americano. Incluso se puede llegar a pagar con pesos argentinos, como hice yo en una gasolinera. En cuanto al idioma, el español y el portugués son de uso común a ambos lados de la frontera, y también se habla una mezcla de ambos, conocida como Portuñol o Portunhol.
La historia de la división de las dos ciudades se remonta a la ocupación brasileña de la llamada Provincia Cisplatina, cuando fue establecido un puesto militar brasileño en el lugar. Tras la independencia de Uruguay en 1825 y la guerra subsiguiente, un tratado de 1828 y ratificado en 1852 estableció la frontera justo al sur del puesto militar, que ya había crecido tanto que era una pequeña ciudad, perteneciente al municipio de Alegrete. El lado uruguayo de la avenida internacional se llama, precisamente, Avenida de los Treinta y Tres Orientales
La Plaza Internacional fue inaugurada en 1943, como celebración de las buenas relaciones entre ambos países y como monumento a la paz, en plena II Guerra Mundial. Las dos ciudades, o la ciudad internacional, como se quiera ver, son uno de los lugares del Cono Sur donde la frontera es mucho más un nexo de unión que una molesta barrera. Y está bien que así sea.

Fuente: Fronteras. http://fronterasblog.wordpress.com


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